22M – Yo sí puedo seguir siendo energía

Esta vez la mani del 22M la paso agarrado a una pancarta. Es la primera vez en mi vida. Llevar una pancarta te convierte en representante de algo, te une a tus compañeros de grupo y no te permite moverte por la mani para ver qué pasa.

Han llegado nuestros compas de Valencia, les teníamos muchas ganas, una viene en silla de ruedas y han hecho pancartas contra el Aparheid sanitario. Son nosotros, como si nos conocieramos de siempre, pero no nos habíamos visto en la vida. Es la maravilla de la idea de grupos autónomos. Nos acompañamos el resto de mani.

Tres escenas: Un muchacho en el frente del sindicato de estudiantes, uno de los más energéticos y también con muchas banderas republicanas y comunistas como en el resto de la manifestación va envuelto en una bandera española “constitucional”. Le pregunto: Es que a mí sí me representa. La respuesta estaba preparada, rápida, mirada huidiza, incomodidad ante la posible reclamación de un extraño. Su compañera más próxima hace de retaguardia inmediata, “pero lleva tachada la corona!”. Ah. Se da la vuelta para que pueda ver el borrón de rotulador.

Acompañamos a nuestros compas de Valencia a sus autobuses, vamos lentos porque están muy cansados y vamos al ritmo de la silla de ruedas. Comienzan las cargas en la castellana, muy cerca. Seguimos los acontecimientos por los móviles. El autobus no podrá llegar hasta dos horas más tarde de lo acordado. Nos helamos de frío. La batalla llega hasta la misma puerta de Alcalá donde esperamos con mucha gente a los autobuses.

A mi lado llora un niño de unos ocho años. Va atado a su madre por unos cordoncitos de colores de la muñeca para no perderse, se refugia en ella para llorar pero levanta la cabeza cada poco, llora con rabia a la vez que escruta el horizonte de la plaza frunciendo el ceño para ver si aparece su tía, se la ha tragado la reyerta. Le digo que no le va a pasar nada y que seguro que aparece. Dice que están pegando a la gente y que puede que se la lleven detenida. Quiere irse ya y no llegan los autobuses. Le pregunta a su madre si podrán llegar hasta allí. Mira con pánico las luces de las lecheras al fondo. Le intentamos consolar charlando. Se llama Capi y no acepta que se le llame Jesús. “Capi!” apunta, y sigue su relato. Le explico que no es para tanto, que yo vivo al lado del Congreso y que esto de las luces azules es día sí y día también. Vuelve a quejarse, “tú estarás acostumbrado, pero yo no”

¿Puede alguien estar acostumbrado? ¿Se puede acostumbrar alguien al llanto amargo de Capi?

Por fin aparece su tía. Enorme abrazo.

Un yayoflauta de Valencia, cuello blanco abotonado, chaqueta de paño, peinado gris a raya:

Yo sí puedo seguir siendo energía y no seguir siendo sólo materia.

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2 comentarios en “22M – Yo sí puedo seguir siendo energía

  1. … Capi dijo, muy firme: “Tú estás acostumbrado, pero ha sido mi primera vez”. Es mejor frase. Extraña, además, en boca de un niño de ocho años. Y qué estado de cosas éste en el que una carga policial adquiere el rango de experiencia común, ahí, al ladito del primer beso.

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